–Hola

–Hola

–¿Cómo estás?

(Ahogando los deseos de decirte que te quiero) Bien ¿y tú?

El barco.

Por azares de la vida, una pizca de karma y una suerte que no sabemos catalogar de buena o de mala, nos encontramos en aquella isla desierta. Yo era feliz disfrutando en la profundidad de la selva, tú luchabas con todas tus fuerzas para poder sobrevivir.

Nos conocimos en una tarde de verano. Te llenabas de sol, de arena, de agua salada, de playa; cuando me descubriste observándote con una sonrisa en el rostro. Después de meses sin contacto humano es alentador encontrar a alguien de tu misma especie.

Tú eres el complemento perfecto que le faltaba a mi salvaje aventura. Desde aquel día, esa sonrisa tonta se nos ha tatuado en el rostro, y no hacemos más que observarnos, conversar, soñar… con que algún día regresaremos a nuestro hogar. Así fue como nos involucramos en un proyecto, que se convirtió en nuestro pasatiempo predilecto, más tarde en nuestro bebé y finalmente en nuestra tabla de salvación. Estábamos construyendo un barco, bueno… un intento de barco que prometía llevarnos de nuevo a casa. Lo reventamos de alimento vital, de hojas con aspiraciones de sábanas, de ilusiones, de besos, caricias y del efímero pero siempre sano para siempre. Nos juramos que nunca abandonaríamos nuestro bebé aunque se inundara, y así fue como empezó nuestro naufragio.

Partimos sin tener claro lo que implicaba un viaje de ese calibre. Nos fuimos enamorados. Era el perfecto dos, sin decimales ni fracciones. Llegamos a medias, con un número que simulaba ser entero, pero que en realidad era una fracción. Un decimal que intentaba ser uno, que tenía un poco del otro uno, que no conocía su composición pero que definitivamente no era un dos.

Nos fuimos entre risas, cuidándonos como un par de hermanos; sin embargo terminamos destruyéndolo todo. Luchamos con todas nuestras fuerzas para llegar a la meta, pero ella no sobrevivió a las eternas tormentas de nieve con su diminuto taparrabos; casi muero a su lado, pero lo logré. Llegué a la meta por el dos, o quizás por el uno, tal vez solo por la fracción, eso nunca lo sabré, pero llegué. Con el barco destrozado, el que ya no era más que un tronco, el que quizás siempre fue solo un tronco. Al final llegué… intacto pero solo.

La razón de su abandono. Cap 18. 180 Grados.

Finalmente descubro la razón real por la que mi madre se fue sin dar explicaciones. Quisiera reclamarle, expresar mi enojo, pero no lo puedo hacer. Lo que vi me ha dejado completamente muda.

–¡Gabriela! ¿Qué haces aquí? – ¿en serio esas son las mejores palabras que puede articular después de años sin verme ni llamarme?

–Vine a buscarte, vine a encontrar la respuesta a esa pregunta que me taladraba el alma, vine a entender, a entenderte… pero ahora entiendo menos que antes.

–Gabriela, escúchame. No quería que te enteraras de esta forma, créeme. Estaba buscando el momento adecuado para decírtelo.

–Eres repugnante, me da asco haber nacido de ti.

–Mide tus palabras… yo sigo siendo tu madre.

Continue reading

Me hubiese quedado hasta que me convirtieras en polvo, pero preferí marcharme con los pedazos rotos.

Mi libertad.

No recuerdo en que momento empezó todo aquello, pero de repente me encontré corriendo por el campo. La brisa, mi cara cubierta de cabello, el sol, un vestido movedizo y aquella adrenalina drogada de temor a ser encontrada; ¡se sentía tan bien la libertad!

Corrí hasta que el sol se cansó de mostrarme el camino, reclamándome que lo dejara descansar. Lo imité e improvisé un colchón de tierra y una sábana de flores. Me desperté con los rayos de sol que salían de sus brazos bien tonificados, de su abdomen extra plano y de su sonrisa encantadora. Lo acompañé en su jornada laboral. Me invitó a pasar una noche en su posada. Luego quería que me quedara; lo intuí en las flores del atardecer, en el pedazo de cama compartida, en su definición de cobija, en los desayunos cargados de sonrisas, y sobre todo en sus ojos; llenos de esposas, candados y rejas. Sí, sobre todo en esos ojos; pastores que me llevaban como oveja al matadero. Así que empecé de nuevo, volví a correr en nombre de mi libertad y lo dejé en su encierro.

Photo Credit: missymellissa5 via tumblr

Un viaje a la vida adulta. Cap 17. 180 Grados.

Finalmente puedo conversar con mi mejor amiga en la comodidad de nuestra pieza. Tumbadas boca arriba y con los pies pegados de la pared, hablamos sobre sus primos extrovertidos y su familia en general, sobre Omar y sobre muchas otras cosas.

En la vida de Natalia no hay tanto drama como en la mía, su relación con Víctor va viento en popa, y a pesar de que la distancia los separa se mantienen comunicados por Skype, experimentando permanentemente una especie de enamoramiento prolongado.

De pronto las risas se acaban, las luces se apagan, y nos quedamos a solas yo y el mundo de emociones que me abarca. Decido elevar una oración al cielo, como pocas veces en la vida he hecho. No profeso fe alguna, pero sé que existe un ser superior a nosotros, quien es nuestro creador y sostiene nuestra vida. Me atrevo a pedir que me ayude a perdonar de corazón, a olvidar la ofensa.

Continue reading

Tal vez ya no recuerdes mi nombre, pero en mis escritos estás, como mancha indeleble.

Un premio a tu hombría.

Lo escuché de manera accidental; llegué en el momento justo para escuchar que lo nuestro fue una apuesta y que yo fui el premio a tu hombría. No lo podía creer, no lo quería creer.

Corrí a tus brazos y me abrigué en ellos como siempre lo había hecho desde aquel sí. Y te lo conté a manera de chiste, entre risas nerviosas; no reíste conmigo, me sorprendí. Te miré a los ojos y tu silencio me congeló. ¿Verdad que es una estupidez? Bajaste la mirada y lo entendí: la estúpida había sido yo.

La venganza ya no es dulce. Capítulo 16. 180 Grados.

Me encuentro rodeada de un grupo de chicas de diferentes edades, soy el centro de atención y de preguntas. Me cuestionan sobre cuáles son mis planes en lo adelante para con Omar, que cuál es la nueva estrategia, que cómo me voy a vengar de lo último que me hizo. Comentan que detestan a su nueva novia, expresan todo su despecho y desconsuelo, y yo me siento abrumada ante tantas intervenciones. No sé cómo o con qué cara decirles que ya no quiero hacer más nada que olvidarlo, no las quiero decepcionar, mi ego quiere mantener su simpatía, pero de todos modos les tengo que decir porque realmente me quiero olvidar del tema.

Reúno todo el valor que utilicé para vengarme de Omar, y me pongo de pie en medio de todas tomando la palabra. A penas puedo creer que me respeten tanto como para guardar silencio en cuestión de segundos.

Continue reading

Llega un punto en el que ya no sé si es fe, terquedad o masoquismo.

© 2017 Wordpicxy

Theme by Anders NorenUp ↑