Me hubiese quedado hasta que me convirtieras en polvo, pero preferí marcharme con los pedazos rotos.

Mi libertad.

No recuerdo en que momento empezó todo aquello, pero de repente me encontré corriendo por el campo. La brisa, mi cara cubierta de cabello, el sol, un vestido movedizo y aquella adrenalina drogada de temor a ser encontrada; ¡se sentía tan bien la libertad!

Corrí hasta que el sol se cansó de mostrarme el camino, reclamándome que lo dejara descansar. Lo imité e improvisé un colchón de tierra y una sábana de flores. Me desperté con los rayos de sol que salían de sus brazos bien tonificados, de su abdomen extra plano y de su sonrisa encantadora. Lo acompañé en su jornada laboral. Me invitó a pasar una noche en su posada. Luego quería que me quedara; lo intuí en las flores del atardecer, en el pedazo de cama compartida, en su definición de cobija, en los desayunos cargados de sonrisas, y sobre todo en sus ojos; llenos de esposas, candados y rejas. Sí, sobre todo en esos ojos; pastores que me llevaban como oveja al matadero. Así que empecé de nuevo, volví a correr en nombre de mi libertad y lo dejé en su encierro.

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Un viaje a la vida adulta. Cap 17. 180 Grados.

Finalmente puedo conversar con mi mejor amiga en la comodidad de nuestra pieza. Tumbadas boca arriba y con los pies pegados de la pared, hablamos sobre sus primos extrovertidos y su familia en general, sobre Omar y sobre muchas otras cosas.

En la vida de Natalia no hay tanto drama como en la mía, su relación con Víctor va viento en popa, y a pesar de que la distancia los separa se mantienen comunicados por Skype, experimentando permanentemente una especie de enamoramiento prolongado.

De pronto las risas se acaban, las luces se apagan, y nos quedamos a solas yo y el mundo de emociones que me abarca. Decido elevar una oración al cielo, como pocas veces en la vida he hecho. No profeso fe alguna, pero sé que existe un ser superior a nosotros, quien es nuestro creador y sostiene nuestra vida. Me atrevo a pedir que me ayude a perdonar de corazón, a olvidar la ofensa.

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Tal vez ya no recuerdes mi nombre, pero en mis escritos estás, como mancha indeleble.

Un premio a tu hombría.

Lo escuché de manera accidental; llegué en el momento justo para escuchar que lo nuestro fue una apuesta y que yo fui el premio a tu hombría. No lo podía creer, no lo quería creer.

Corrí a tus brazos y me abrigué en ellos como siempre lo había hecho desde aquel sí. Y te lo conté a manera de chiste, entre risas nerviosas; no reíste conmigo, me sorprendí. Te miré a los ojos y tu silencio me congeló. ¿Verdad que es una estupidez? Bajaste la mirada y lo entendí: la estúpida había sido yo.

La venganza ya no es dulce. Capítulo 16. 180 Grados.

Me encuentro rodeada de un grupo de chicas de diferentes edades, soy el centro de atención y de preguntas. Me cuestionan sobre cuáles son mis planes en lo adelante para con Omar, que cuál es la nueva estrategia, que cómo me voy a vengar de lo último que me hizo. Comentan que detestan a su nueva novia, expresan todo su despecho y desconsuelo, y yo me siento abrumada ante tantas intervenciones. No sé cómo o con qué cara decirles que ya no quiero hacer más nada que olvidarlo, no las quiero decepcionar, mi ego quiere mantener su simpatía, pero de todos modos les tengo que decir porque realmente me quiero olvidar del tema.

Reúno todo el valor que utilicé para vengarme de Omar, y me pongo de pie en medio de todas tomando la palabra. A penas puedo creer que me respeten tanto como para guardar silencio en cuestión de segundos.

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Llega un punto en el que ya no sé si es fe, terquedad o masoquismo.

Un beso bajo la lluvia.

Pareja bajo la lluvia

Nos citamos en el callejón de mi casa. Planee todo para que nadie estuviera allí. Cuando te vi mis ojos se encendieron como llamas de fuego, y en los tuyos pude ver el reflejo de mi incendio; seguía siendo recíproco. Me cargaste y acomodaste sobre ti, tomándome por sorpresa; a penas cabíamos en aquel lugar estrecho. Pero eso no impidió que nuestra pasión explotara, sazonada por los meses sin vernos y la adrenalina de un amor prohibido.

No paraba de llover, era como si el cielo quisiera apagar nuestro fuego y recordarnos que aquello estaba mal. Era como si quisiera limpiar nuestro pecado, cual basura que se arrastra en un contén. Era como si cada relámpago quisiera silenciar nuestros gemidos.

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La venganza es dulce. Capítulo 15. 180 Grados.

la venganza es dulce

Mi corazón se dispara y miro rápidamente por debajo de mis sábanas ¡por suerte llevo ropa! Dejo salir un suspiro de alivio, me percato de que el caminito de ropa se dirige al baño y todo cobra sentido, ¡estoy salvada!

Por fin sale del baño, antes de saludarlo prefiero indagar sobre lo ocurrido anoche.

– Omar… ¿qué pasó anoche?

– ¿A qué te refieres?

– Quiero saber si estuvimos juntos, físicamente juntos digo.

– A decir verdad, recuerdo muy poco –la paz se vuelve a alejar de mí, y no logro decir nada más en todo el día.

Nos hemos ido del hotel del lujo, regresando a la carretera que va mejor con nosotros, con esa aura de renegados que nos acaricia la piel.

Corremos y corremos, casi igual que al principio, pero de todos modos siento que ya no soy la misma chica que se montó a esta moto un poco dudosa de su decisión pero con hambre de aventuras. No soy la misma que dejó a su mejor amiga con las palabras en la boca porque le daba pereza escucharla decir lo que ella ya intuía. La que se fue sin pedirle permiso a su padre, ni la que se rehusó a comerse a aquel inocente conejito.

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El amor es más que tener pareja, y más que ser buenos amigos. El amor es ser lo que necesites que sea para ti, y desear que necesites que sea algo.

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