Capítulo2B-01

Es un hombre alto, de tez blanca, ojos claros y cabello canoso; de pronto en él algo se me hace familiar, como si lo conociera de toda una vida. Me mira con curiosidad y extrañeza, y yo siento como si estuviese violando una propiedad privada.

Mi madre y el señor desconocido se miran fijamente, sin decir nada, y de momento siento que soy solo una espectadora ante un cuadro demasiado abstracto, para mi poco conocimiento de arte. Son todo miradas; él es todo asombro y ambos vuelven a ser todo llanto. Cada vez me siento más confundida, y la presión en mi pecho aumenta, es como si estuviera en una pesadilla, de la cual solo quiero despertar.

El Sr. Desconocido nos dirige a la terraza de su casa en el segundo piso de la mansión, es un lugar precioso, inmenso, cautivante. Nos hace tomar asiento a ambas, como el caballero que parece ser. Mami no para de mirarse las manos, él no para de mirarla a ella, yo no paro de mirarlos a ambos. Necesito una respuesta, necesito encontrar desesperadamente la respuesta a esa pregunta que no me atreví a hacer antes de emprender este misterioso viaje, pero prefiero que ellos solos respondan.

—Juan Carlos— dice mami, con cierta timidez— ella es tu hija Gabriela.—¿Qué? dejo caer el vaso de jugo de uvas sobre mi vestido lila, ¿su hija? ¿Yo? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Juan Carlos abre los ojos como dos platos, como probablemente los tengo yo también; nos miramos asombrados, ella baja la cara avergonzada.

—¿Mi hija? Te desapareces por tiempo indefinido, la ocultas de mí, me privas de verla crecer, de cumplir mi deber de padre, y luego después de todos estos años llegas como si nada, con una jovencita que apenas reconozco y me dices que es mi hija—esta consternado.

—Ma´, ¿Cómo pudiste hacerme esto? Siempre te negaste a hablarme de él, me dijiste que no se había querido hacer cargo de mí, me mentiste…

Lo sé, lo sé— dice con lágrimas en los ojos— fui una estúpida, solo pensé en mí; pero ahora pueden recuperar todo el tiempo que han perdido. Te regreso a tu hija Juan Carlos, y a ti te regreso a tu padre Gabriela.

—¿Y tú no te quedas?

—Yo me marcho.

—Mami, ¿me piensas dejar sola con este señor? Tal vez sea mi padre biológico, pero no sé nada de él. ¿Por qué me dejas? ¿Qué te hice? ¿Qué pasa? No lo entiendo

—No llores cariño, ahora no te lo puedo explicar, no lo entenderías. No me hagas más preguntas, no te las puedo responder, aprovecha esta oportunidad, siempre quisiste tener un padre, tu sueño se ha hecho realidad.

—Si, lo sé, pero no a costa de ti. No lo entiendo.

—No tienes que entender, solo has lo que te digo, te llamaré, nos volveremos a ver.

No logro articular media palabra, mientras el cuadro que tengo antes mis ojos se vuelve borroso y real, todo al mismo tiempo. Lo que en un principio no acababa de aceptar, ahora parece ser cierto. Este señor es mi padre, me voy a quedar a vivir en esta casa con él, mi madre me abandona, y por si fuera poco ni siquiera entiendo la razón, se va sin dar ningún tipo de explicación, y yo… me siento perdida sin ella, cohibida con él, confundida en mi mundo. Me siento en el mueble más cercano, hasta que ya no escucho nada, ninguna voz, ninguna razón carente de sentido, ningún llanto, absolutamente nada…

—Gabriela… cariño, yo estoy igual de confundido que tu; recuerdo a una bebe, y ahora eres toda una jovencita. Quiero que sepas que a pesar de todo, estoy feliz de tenerte aquí.— ¿cariño? Pero si ni siquiera me conoce—.

—Solo llévame a mi habitación por favor, si es que tengo una.

—Bueno… no tenemos ninguna decorada para una señorita como tú, pero te voy a asignar una y mañana mismo llamo a Inés para que la arregle para ti,— en este momento lo que menos me importa es la decoración, solo quiero estar sola— sígueme por aquí— dice—. Obedezco, y nos introducimos en una habitación súper grande, con unas ventanas inmensas con vista al frente de la casa. Tiene una cama matrimonial, un escritorio con una laptop, un baño, ¡cielos! ¿Un baño solo para mí? El closet es demasiado grande en comparación con mi equipaje, y… me emociona momentáneamente lo bella de la habitación; lástima que más temprano que tarde recuerdo el abandono de mi madre y me vuelvo a deprimir.

Sin darme cuenta, y en cuestión de segundos me encuentro en los brazos de ¿mi padre? Arrullada en su regazo, escuchando como se combinan sus sollozos con los míos; mis lágrimas se secan en su suéter. Nunca había sentido esta calidez paternal, lo más cercano es el cariño de mi madre, y ella no es tan cariñosa. Me retiro a los pocos minutos, no puedo encariñarme con él, aunque sea mi padre; acabo de ser abandonada por la persona que se supone que más me ame en esta vida.

—Gabriela… quiero que sepas que yo no te abandoné, no sé qué te haya contado tu madre; pero desde que ella se marchó, las busqué hasta encontrarlas y luego ella no me dejé acercarme a ti.

—Entiendo… Juan Carlos, solo quiero estar sola en este momento. Por favor.

—Está bien, te dejaré sola, pero en 3 hora se sirve la cena. Voy a subir por ti sino bajas.

Le miro con recelo, ¿Quién se cree que es para obligarme a cenar? ¡Claro! Mi padre… casi se me olvidaba. Pero al fin me deja sola, ¡si claro! Como si no me he sentido sola todo este tiempo, desde que mi madre se fue. Respiro profundo, y me dejo caer sobre la cama, de espalda, con mis pies sobre el suelo admiro el techo, la hermosa lámpara de 3 bombillas, y me pierdo en aquellas luces. Cierro los ojos con la esperanza de acallar mi ansiedad, pero no puedo pensar en otra cosa.

Decido darme una ducha para ver si con el agua se va un poco del peso que siento sobre mis hombros; preparo mi tina, aprovechando los jabones y aromatizantes del lugar. Me lavo de pies a cabeza, y mis lágrimas se mezclan con jabón y agua. Salgo, me visto, me siento en mi ventana y dejo que la fría brisa me seque el pelo.

Alguien toca a mi puerta, supongo que es él.

—Señorita, la cena está lista; el señor la espera.— ¿y esta señora de donde ha salido?—