19.Girls-01

Un lunes cualquiera, le pido permiso a mi profesor de sociales para ir al baño. Tan pronto como salgo del aula, me quedó perpleja por varios segundos, sin parpadear y el tiempo parece detenerse mientras admiro al chicos más lindo que no había visto jamás. Va vestido con el uniforme del equipo de fútbol y puedo asegurar que está en un nivel más alto que el mío. No tiene idea de que me ha dejado babeando y va directo a su salón de clases, sin siquiera mirarme. Lo sigo con la vista hasta que entra y cierra la puerta detrás de él; me dirijo al baño de las chicas, entro y me miro al espejo mientras suspiro profundamente y repito una y otra vez: “Lo tengo que conocer, lo tengo que conocer”.

Me pongo lo más coqueta que puedo, por si acaso vuelvo a ver aquella criatura angelical que me hace perder el aliento en cuestión de segundos. Llevó mi cuerpo de regreso a las clases, sin embargo no puedo hacer lo mismo con mi mente; la cual no deja de pensar en ese chico. No sé cómo le voy a hacer, pero él va a ser mi novio; nadie nunca había logrado meterse en mi cabeza de manera permanente en cuestión de segundos.

El sonido del timbre convierte mi salón de clases en algo parecido a la segunda guerra mundial, y en menos de 6 segundos está desierto. Camino a la salida, me encuentro con Natalia.

—¡No sabes! Tengo algo muy importante que contarte.

—¡Dimeeeee!

Tomo aire, mientras trato de controlar la oleada de emociones que siento de solo recordarlo, y trato de organizar mis ideas de un modo coherente; pero cuando abro los ojos me encuentro con la mirada impaciente de Juan Carlos, quien me espera dentro de su auto.

—Te cuento luego Natalia, ya llegó Juan Carlos.

—¡Pero Gaby! No me puedes dejar con esta incógnita.

—Te llamo, tienes que ayudarme a crear un plan.

—¿Un plan? Awww me vas a matar de la curiosidad.

—Ya te dije, te cuento orita—le digo mientras me dirijo apresuradamente al auto que está ocasionado un tapón.

—¡Gabyyyyyy! —grita Natalia con impotencia.

Dos minutos después de que Pachita nos sirva la comida, en mi plato no quedan mas que migajas. Subo los escalones de dos en dos cuando una voz cálida me dice:

—Señorita, olvidó el postre, es su favorito.

—Luego bajo y me lo como.

Tiro mi mochila en la esquina izquierda, mientras lanzo mis zapatos por los aires, coloco el teléfono residencial sobre mi cama y me lanzó de bruces a marcarle a Natalia, ahora soy yo la que está impaciente por hablar del tema.

—Alo

—¿Si?

—¿Natalia?

—Si, soy yo Gaby, ¡ya cuéntame!

—¡No sabes!

—Pues claro que no sé Gabriela, si me dejaste con la curiosidad en la salida del cole. Dalee cuenta que me tienes impaciente.

—¡Estoy enamorada!

—¿Qué? Y no me habías dicho nada, traidora.

—No seas tonta Natalia, todo sucedió hoy.

—¿Me estás diciendo que te enamoraste en un día? No inventes.

—Pues no estoy inventando, aunque no lo creas, hoy conocí el amor a primera vista.

—No me digas… ¿Y quién es el afortunado?

—Es… —suspiro—, es… —suspiro profundo. — Él es el chico más hermoso que han visto mis ojos, quizás ni siquiera sea humano, yo creo que se cayó del cielo. Es precioso mana, es precioso.

—Ay tampoco exageres.

—No exagero, lo tienes que ver para que me creas.

—¿Y cómo se llama?

—Mmmmmmmm, aquí es donde necesito tu ayuda, no lo conozco; me tienes que ayudar a conquistarlo.

—¡Ay Gabyyyyy!, en que líos me quieres meter.

—Por fis, por fis, por fis, lo tengo que conocer —no me veo, pero sé que pongo ojitos de enamorada.—

—Awww Gabriela, tú estás loca, de verdad que sí. Pero ya qué, para eso estamos las amigas, supongo…

—Awwww Gracias mi amiga del alma, yo sabía que no me ibas a defraudar.

—Y cuéntame, ¿cómo es él físicamente? quizás lo conozco, tal vez hasta va en mi curso.

—El es alto, de ojos grandes y marrones capaces de hacerle perder el aliento a cualquier cristiana; pelo negro azabache, piel bronceada y con un aire de seguridad que me vuelve loca.

—Bájale algo amiga, no quiero que te ilusiones demasiado.

—Muy tarde, ya lo estoy.

—¡Ay mi madre, ya la macamos! —susurra Natalia.

—¿Qué dijiste Natalia?

—Que ya lo arreglamos todo para que estén juntos.

—Así se habla amiga, así se habla.