la venganza es dulce

Mi corazón se dispara y miro rápidamente por debajo de mis sábanas ¡por suerte llevo ropa! Dejo salir un suspiro de alivio, me percato de que el caminito de ropa se dirige al baño y todo cobra sentido, ¡estoy salvada!

Por fin sale del baño, antes de saludarlo prefiero indagar sobre lo ocurrido anoche.

– Omar… ¿qué pasó anoche?

– ¿A qué te refieres?

– Quiero saber si estuvimos juntos, físicamente juntos digo.

– A decir verdad, recuerdo muy poco –la paz se vuelve a alejar de mí, y no logro decir nada más en todo el día.

Nos hemos ido del hotel del lujo, regresando a la carretera que va mejor con nosotros, con esa aura de renegados que nos acaricia la piel.

Corremos y corremos, casi igual que al principio, pero de todos modos siento que ya no soy la misma chica que se montó a esta moto un poco dudosa de su decisión pero con hambre de aventuras. No soy la misma que dejó a su mejor amiga con las palabras en la boca porque le daba pereza escucharla decir lo que ella ya intuía. La que se fue sin pedirle permiso a su padre, ni la que se rehusó a comerse a aquel inocente conejito.

A pesar de que amé mi aventura con Omar, tengo que aceptar que se siente riquísimo despertar de nuevo en mi recámara. En medio de esta inmensa cama que me permite moverme a mi antojo, acariciada por la colcha y las almohadas de color blanco radiante, y besada por el sol del gran ventanal que queda justo al lado de mí lecho. Me siento feliz, llena de energía y entusiasmo por la vida. Pero la realidad toca a mi ventana, golpeando una y otra vez desde el otro lado del ventanal, y por más que quiera no la puedo ignorar.

Llego como de costumbre al colegio, ansiosa por encontrarme de nuevo con Omar. Doy varias vueltas por los pastillos del establecimiento, y lo encuentro hablando con sus amigos. Una sonrisa se me dibuja en el rostro y solo quiero acercarme, abrazarlo y disfrutar de su compañía. Me acerco poco a poco, aparentemente les está contando de nuestra aventura.

– La última noche en el hotel nos emborrachamos… bueno, ella se emborrachó. Yo me mantuve lo suficientemente sobrio como para disfrutar de ella. Nos besamos, y ella agonizaba de sueño en mis brazos. Me aproveché de su falta de conciencia para hacer lo que había deseado durante todo el viaje.

– Yo que pensé que esta vez si te habías enamorado– interviene uno de sus amigos.

– Por favor, eso es para los débiles. A mí de las mujeres solamente me interesa una cosa, ya después de ahí solo sirven para complicarme la vida –su voz se va haciendo cada vez más baja, porque sus amigos le hacen señas de que guarde silencio. Y yo… casi no veo nada, pues las lágrimas se han encargado de empañar tan incómoda escena.

– Gaby… no es lo que parece –me pregunto de dónde saca tanto cinismo para negármelo en mi cara.

Salgo corriendo del recinto escolar. A lo lejos escucho una voz que grita “¡Gaby, Gaby!”. Me detengo en la esquina más cercana, y alcanzo a secarme un poco las lágrimas para poder escapar más rápido de aquel lugar. Decido quedarme en un parque que encuentro a mi paso.

– ¡Gaby! –es Natalia.

– No quiero hablar con nadie, por favor déjame sola.

– ¡Pero!

– Por favor.

Y así es como me quedo sola, sentada en un parque, un día de escuela.

Desde entonces me la paso encerrada en mi habitación, nada me motiva. Me parece que la vida se ha empecinado conmigo, que estoy condenada a que me rompan el corazón. Los dulces y chocolates son mi refugio; divido mi tiempo entre lágrimas, pensamientos y conversaciones con Natalia.

– Amiga ¿cuándo piensas regresar? Ya ha pasado una semana completa, te vas a atrasar mucho en los estudios.

– No tengo cabeza para pensar en eso.

– Gabriela por favor, no le des el gusto a ese patán de verte derrotada. Sécate las lágrimas y sigue con tu vida. –y de pronto en sus palabras descubro una razón para regresar al colegio… ¡la venganza es dulce!

– Tienes un punto Natalia.

Natalia abandona mi habitación, y yo no para de pensar cómo hacerle sentir a Omar un poquito de todo el dolor que me ha ocasionado. Empiezo a definir las estrategias de mi plan, a elegir la ropa adecuada para ser la villana más sexy, a repetir varias veces que él es un patán y que merece ser reprendido. Me repito que debo mantener mi postura ante sus preciosos ojos, y no puedo titubear ante sus falsas promesas.

Un ruido me distrae de mis pensamientos, es alguien que toca a mi puerta.

– Pase.

– ¿Cómo sigues princesa? –es Juan Carlos, el pobre ha pensado que me puse mal por mi madre.

– Ya estoy mejor papá. Natalia me subió los ánimos y mañana mismo regreso al colegio.

– Me alegra escuchar eso –dice, mientras extiende su brazo y me entrega un ramo de flores. –¡Wow! Es tan espléndido que si no lo estuviese viendo con mis propios ojos pensaría que los hombres así ya no existen, y me causa curiosidad que mi madre se haya alejado de un hombre tan atento.– Alcanzo a darle las gracias con una sonrisa tímida.

 

Me encuentro de nuevo en el recinto escolar que tanta curiosidad me dió el primer día de clases. Termina el acto a la bandera y nos dirigimos a nuestros salones. No hago más que reírme sola, al recordar lo que tengo preparado para “el Señor rompe corazones”, veamos ahora quién le rompe el corazón a quién. La venganza es dulce, muy pero muy dulce.

Estoy completamente perdida con las clases de matemáticas, pareciera que en lugar de un nuevo tema, se dieron cinco. Solo quiero que la profesora termine la lección.

Suena el timbre, y el salón se deshabita en un segundo, ¡ha llegado mi oportunidad! Voy directo a la cancha de football, y busco con cautela el locker de Omar; de alguna manera descubro cuál es. Intento abrirlo combinando la fecha de su nacimiento hasta que doy con la clave secreta, y tarán… el espacio es todo mío. Hago lo que tengo que hacer y me reintegro al recreo para no despertar sospechas.

Me lo encuentro en el camino, tan cínico como lo recordaba. No me quise llevar de las advertencias y ahora sufro las consecuencias. Pero no te preocupes Omar, pronto borraré de tu rostro esa sonrisa malévola, la venganza es dulce.

El profesor de historia cancela su clase porque todo el colegio debe presenciar el primer partido intercolegial de football. A penas puedo controlar mi risa al imaginarme la cara de Omar al abrir su locker, jajajaja, tal vez me pasé un poquito. Presiento que la estrella no brillará el día de hoy.

La cancha se alterna entre las aclamaciones y aplausos de un equipo y otro, que luchan por animar a sus deportistas. Las cosas se empiezan a tornar un poco monótonas hasta que lo veo ahí, con su pijama rosa de ositos y sus tenis rojos de footbolista; a penas puedo creer lo que ven mis ojos, el chico resultó ser más difícil de vencer de lo que me imaginé. El público se va abajo entre risas, pero él de todos modos hace su mejor esfuerzo para vencer. Ni siquiera sé si es válido jugar con otra cosa que no sea el uniforme oficial del colegio. A mi lado unas chicas comentan, que si no fuera porque es la estrella del equipo, el profesor de educación física no lo hubiese dejado entrar. Sigo boquiabierta observándolo moverse de un lado a otro, y tengo que aceptar que a pesar de su atuendo ridículo, se ve demasiado sexy desplazándose por la cancha. –Me golpeo la cabeza, tendré que pensar en algo mejor.

Me la paso pisándoles los talones a Omar y sus amigos, de modo que pueda encontrar alguna pista de cómo hacer algo que le afecte. Hasta que un día llega mi oportunidad perfecta: otra escenita de amor, esta vez para una niña que va en 1ero de secundaria.

Sus amigos y él llevan días organizando los detalles para tal espectáculo de ficción. Y finalmente tienen a la pobre… sentada con los ojos vendados en medio de uno de los patios traseros de la escuela. Yo, junto a su grupo de amigas, nos las ingeniamos para sacarla de allí y convencerla de que aquello para nada le convenía; no sin antes escribirle una nota muy atenta diciéndole que ella jamás saldría con un chico que usa pijama rosa de ositos. Imagino cómo quedará ante sus amigos, y empiezo a sentir que la justicia me alcanza, la venganza es dulce.

Claro que a la niña le tuve que dar una terapia intensiva para que entendiera que era lo mejor, pues su veneno ya había empezado a surtir efecto en su inocente corazón. Por suerte fue más inteligente que yo e hizo caso a los consejos, aunque mucho ayudó la fama de Don Juan que se gasta el patán de ojos lindos en aquella institución.

Casi sin darme cuenta puse a gran parte de las colegialas en su contra, y me gané una multitud de seguidoras, unas enamoradas, otras tantas heridas y muchísimas despechadas.

Ando por los pasillos, pavoneándome como un pavo real que ha logrado conquistar con sus colores a su presa, ¡es tan dulce la venganza! Hoy ando un poquito más feliz de la cuenta porque junto al equipo “Omar haters” hemos planeado algo muy divertido para ir haciendo justicia poco a poco.

¡Ha llegado la hora! Nos escondemos en un salón cerca del baño de los chicos, sujetando la soga que nos dará la victoria de esta travesura. Se acerca el susodicho junto a sus inseparables amigochos y nosotras jalamos la soga que se encarga de dejar caer un bote de pintura negra sobre las cinco estrellas principales del equipo de fútbol del colegio. Escuchamos un gritos de sorpresa seguido de otros de lamento y apenas podemos controlar nuestras risas. Jajajajaja, creo que ahora si estamos a mano.

 

Estoy colocando algo en el mural principal del colegio, cuando siento a alguien detrás de mí. Es Omar todo pintado de negro, me río en su cara ¡la venganza está consumada!

 

– ¿Te dá mucha risa verdad? –me tapo la boca con las manos, en un intento de controlar mi diversión, pero eso ayuda muy poco. Se me acerca lentamente, y me toma de la trenza obligándome a ladear la cara un poco, luego se me acerca como si fuera a besarme y me dice muy bajito:

– Más te vale que te dejes de hacer la graciosita conmigo carajita. No sabes con quien te estás metiendo, créeme que si me lo propongo puedo tener los juegos más pesados que tú.

– ¿Ahhh sí? No me digas. Pues fíjate que no te tengo miedo, no me puedes hacer más daño del que ya me has hecho.

– Pues yo creo que deberías.

Alrededor nuestro se encuentran los amigos de Omar, cercándonos como para evitar que yo me escape de sus manos. Detrás de ellos se encuentra Natalia, intentando sacarme de esa situación, pero no se lo permiten, así que va en busca del grupo “Omar Haters” y entre todas logran romper el círculo de los deportistas, al ver que ya no podrá seguirme torturando con sus palabras, abraza a su nueva conquista: una chica sensual, voluptuosa y poco simpática que ama su imagen de chico malo. Se van como riéndose de mí, y yo huyo de aquel lugar refugiándome en el baño de las niñas.

Natalia se queda un poco desubicada, luego de que Frank, uno de los amigos de Omar, le dijese uno de esos piropos propios de hombres poco caballerosos.

Me siento en los lavamanos, me veo en el espejo: mi trenza despeinada y sucia de pintura negra, mis ojos rojos que muestran mi enojo e impotencia.

Natalia entra rápidamente y me sorprende; me aconseja, me consuela, me mima, y me inspira a olvidar la idea de vengarme, y a enfocarme en mi propia vida, que se ha destruido por estar pendiente de ese chico.

– Tienes toda la razón Natalia, y aunque ahora estoy muy mal, enojada, impotente y con unas ganas cabronas de caerle a cachetadas, te prometo que lo superaré. ¡Lo superaré! –y desde ese mismo instante, el significado de la palabra “amor” dió para mi un giro de 180 grados.