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—Solo puedo decir que hay maestros muy estrictos. —me mira con un poco de preocupación y yo me limito a sonreír.

Nos adentramos en el tráfico, y entre un semáforo y otro trato de procesar todas las situaciones que acabo de vivir, procesar mi nueva vida, lo que soy —o lo que debo ser.

El día está perfecto como para llorar, desahogarme; pero en su lugar decido realizar las asignaciones de la escuela, así que ignorando el nudo en mi garganta hago una pila de libros, cuadernos y toda clase de utensilios en el piso de mi habitación. Me dejo caer a un lado de la pila, giro la cabeza y miro con pereza la montaña de cosas que acabo de formar, empecemos con artística:

 

No tengo la menor idea de qué pintar, así que empiezo buscando las definiciones: según Wikipedia, el arte es entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos. Según definicion.de el sentimiento es un estado del ánimo que se produce por causas que lo impresionan, y éstas pueden ser alegres y felices, o dolorosas y tristes. El sentimiento surge como resultado de una emoción que permite que el sujeto sea consciente de su estado anímico. Entonces el sentimiento es el motor del arte, sin él no habría un motivo que plasmar, y sin él la obra carecería de esa capacidad de atraparnos y contarnos una historia.

Luego de terminada la primera parte me pongo en sintonía con mi lado artístico en busca de esa inspiración que me permita plasmar algo en papel para salir de esta tarea. Coloco mis audífonos y mi playlist favorito, me dejo caer en las notas musicales mientras mis manos se mueven libremente sobre el papel, sin estar verdaderamente consciente de lo que estoy dibujando. Dudo mucho que se le pueda llamar arte al resultado final, pero después de todo soy solo una colegiala, no una artista.  El sentimiento del deber cumplido es genial, ahora puedo hacer lo que se me antoje. Me pongo sobre mis pies, dejando todo el reguero en el mismo lugar, y me dirijo descalza escaleras abajo, en busca de alguien con quien hablar. La única que se encuentra en casa es Pachita, quien se está concentrada en su telenovela de las 8; me siento a su lado, y le hago compañía, —o ella me hace compañía a mí, no sé bien cuál de las dos cosas.

—¿De qué se trata la novela Pachita?

—De un par hermanos que se enamoran de dos hermanas, y los errores que comete uno le afectan al otro; hay uno que es bien tremendo, y el otro termina pagando los platos rotos y ocultando sus errores para no verse afectado.

Las telenovelas nunca han sido mi debilidad, pero prefiero estar aquí que sola. La madre de los gemelos es muy consentidora, defiende incluso al más travieso, y aunque no se parecen en nada, me acuerda a la mía; la que se fue sin dar más explicación que “es lo mejor”, —es tan extraño vivir toda la vida con alguien y no llegarla a conocer realmente—. Ni siquiera sé si está bien, porque no he tenido el valor para llamarla.

—¿Qué le pasa señorita? ¿Por qué llora? —pregunta Panchita.

—No es nada. —Digo mientras me seco las lágrimas que van mejillas abajo, y me dirijo escaleras arriba.

Enciendo la tv de la sala de estar, como si no hubiese tenido suficiente con lo que vi abajo, y empiezo a cambiar canales como una demente, no sé si por miedo o por inconsciencia, pero al menos el ejercicio hace el intento de distraerme.

 

—Cariño, cariño, despierta. —dice Juan Carlos— me he quedado dormida en la sala de estar, es tan vergonzoso, así que salgo disparada a mi cuarto para prepararme.

 

Hoy no estoy de humor para soportar las locuras y exigencias de los profesores, por suerte el día avanza relativamente rápido. Llegó la hora de educación artística, de modo que cada estudiante pasa adelante para enseñar y explicar su pintura. Es mi turno y ni siquiera sé que voy a decir, muestro mi obra de arte a todos sin demasiado entusiasmo.

—Explícanos que quisiste expresar en esta pintura.

—A decir verdad no lo sé profesor, solo tomé mis acuarelas y dejé mis manos trabajar.

—¿Te sientes abandonada o sola?

—Nada que ver profesor, —¿qué clase de pregunta es esa?

—Bueno… pues según ese dibujo lo estás, a menos que seas la mujer de mayor tamaño. ¿Has concluido alguna etapa de tu vida recientemente?

—No estoy segura profesor —en realidad sí, pero no estoy dispuesta a aceptarlo en público.

—Gracias Srta. Gabriela, se puede sentar, —por fin.

De regreso en mi pupitre, las palabras del maestro se mueven dentro de mi cabeza cual contorsionista. El Sr. García es un chiflado, pero ha dado en el clavo.

Una vez concluida la clase me dirigió a mi casillero para guardar mis cosas, y entre guardar, organizar y sacar se me cae todo, —¡cuánta impotencia!— una chica que no conozco se acerca para ayudarme. —Por fin alguien agradable.

—¡Gracias!

—No hay de qué, me llamo Natalia ¿y tú?

—Gabriela, pero me puedes decir Gaby.

—Mucho gusto Gaby.

—El placer es mío Natalia, no te he visto en el salón de clases.

—Será porque vamos en niveles distintos. ¿En cuál nivel vas tú?

—Segundo de bachillerato ¿tú?

—Tercero, me puedes pedir ayuda en lo que necesitas, matemáticas, ciencias… aquí donde me ves soy una nerda, jajajajaja.

—Gracias. —Sonrío—, pues no lo pareces para nada, eres muy atractiva.

*Suena el timbre*

—Seguimos hablando luego.

-Claro que sí.

Regreso al aula, ahora estoy un poco más animada porque empiezo a socializar.

Las horas transcurren rápidamente y ya es hora de irnos. Los estudiantes salen apresuradamente como de costumbre. Llego a la puerto y me encuentro de nuevo a Natalia, charlamos y reímos, es genial volver a tener con quien hablar. Juan Carlos llega y nos interrumpe.

—Él es mi padre Juan Carlos.

—Es un placer Señor, mi nombre es Natalia.

—El placer es mío, cuídame mucho a mi hija por favor.

—¡Papá! —no puedo creer que haya dicho eso… —Natalia sonríe un poco incómoda, pero dudo que lo esté mas que yo.

—¿Qué ocurre Gabriela?

—Nada papi, solo vámonos. —Se queda como pensativo—¿Qué ocurre papá?

—Nada, nada…

—¿Seguro?

—Créeme Gaby, estoy muy bien. —dice sonriendo—, veo que hiciste nuevas amistades.

—Bueno… no exactamente, solo intercambiamos un par de palabras, la acabo de conocer.

 

En medio de imágenes borrosas, pereza y un poco de frío, Juan Carlos me despierta con el mismo entusiasmo de siempre…