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Una Decisión Inusual

Pareja mirándose a los ojos

Lo decidí un día, luego de pasarme una vida controlándome y de estar a punto de estallar otras tantas; tenía ganas de saciar mi curiosidad y él me gustaba. Sin embargo debía confesar que el temor me carcomía el alma.

Él era uno de esos amigos nuevos, lo suficientemente cercano como para tolerar su tacto; lo suficientemente lejano como para resistir que nuestra amistad se rompiera. Y me gustaba por dentro y por fuera, pero no como me gustan los hombres para una relación, me gustaba como amigo, sin embargo mi ojo de mujer tenía que aceptar que era lindo.

Cuando se lo propuse, escupió todo su café.

–¿Estás segura?

–Lo estoy –se le iluminan los ojos como niño con juguete nuevo.

Yo soy virgen, y quiero… dejar de preguntarme cómo se siente. No tengo novio –yo no tengo suerte con los hombres, ni siquiera puedo decir que tuve alguno.

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Adiós 2018, Bienvenido 2019.

Viendo como el 2019 releva al 2017 en un cálido apretón de manos. Viene con una sonrisa radiante, y en su maleta ha conservado los recuerdos más significativos del 2018.

El Año Viejo se despide con una sonrisa nostálgica pero cariñosa, nos mira por última vez, agita una mano en el aire y luego se va. Sus cabellos plateados resaltan en el resto de pelo negro y yo no paro de preguntarme: ¿cómo puede un año envejecer tan pronto? Creo que la respuesta está en qué tan intensamente has decidido vivir cada instante que te ofrece.

Espero que tu 2019 parta con un bastón de mano y una sonrisa arrugada de recuerdos. ¡Feliz 2019!

Las Oportunidades son Calvas.

Hoy mis compañeras de trabajo y yo platicábamos sobre los beneficios de vivir en ciertos países, donde se gana muy bien, donde se valora al universitario, donde no hay que matarse estudiando y luego trabajando para ni siquiera lograr llegar a fin de mes. Y también platicábamos de las empresas que valoran a su personal en este país, que hay unas cuentas, pero que a mí personalmente no me ha tocado la suerte de pertenecer. Y que sí, que es bien difícil, porque te exigen estudios y experiencia, y tú a ellos no les puedes exigir un salario justo ni un seguro médico que se mantenga al día. Que sí, que el mundo es injusto, que los ricos cada vez se hacen más ricos a costa del trabajo de los pobres, y de los acomodados que no tienen la suficiente fuerza de voluntad para salir de su zona de confort y arriesgarse a mucho. Pero de igual forma, aunque lo hicieran sigue siendo difícil, muy pero muy difícil.

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El Chico de Camino a mi trabajo

El chico de camino a mi trabajo es alto, flaco y de ojos claros. Y cuando se atraviesa por mi paso su química se entrelaza con la mía.

El chico de camino a mi trabajo es… alguien en quien no me hubiese fijado, de no ser por esos ojos tiernos que parecen adherirse a mi piel o por esa química que subyace del aire que nos rodea cuando coincidimos.

Al chico de camino a mi trabajo no le soy indiferente, lo sé; porque nuestros ojos se han encontrado jugando a las escondidas más de una vez. Porque sus movimientos son iguales que los míos; intentando ser discretos, pero siempre los descubren infraganti.

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Mujer, tú eres la culpable.

Tú mujer, eres la culpable de que los hombres no sirvan. Tú  que rechazaste infinidad de  chicos tiernos, detallistas y cariñosos, y elegiste a ese chico rudo que maltrataba tu corazón. A ese que es demasiado macho como para mostrar sus sentimientos en público. Tú  que criticas al enamorado de tu mejor amiga, argumentando que es demasiado «palomo» y te burlas de ella en su cara influenciándola para que elija al de mente más «ágil».

Tú que crías te a tus hijos varones con más privilegios que a sus hermanas por el simple hecho de haber nacido con testículos.

Tú  que pronuncias frases como: los hombres no friegan, no lloran, no sienten.

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Llorar.

Que sí, que tengo derecho a sentirme mal en ocasiones. Que esta vida es difícil y hay muchas desilusiones, que de vez en cuando hay que dejar de hacerse el fuerte y llorar, aunque nos señale la gente en la calle, aunque nos miren con compasión, aunque nos veamos feos.

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A juzgar por mis deseos es probable que por los siglos de los castillos, fortalezas, guerras y espadas; de príncipes, bestias y otras fieras, yo haya sido una princesa amada. Quizás por algún príncipe, guerrero, cocinero, sirviente, guardaespaldas o forastero, pero de algún. O quizás siempre fui la misma soñadora que ahora soy.

Un no positivo.

Te dije que no mientras mi corazón gritaba emocionado: “Claro que quiero”. Me esforcé en apagar la llama que ardía dentro de mi pecho cada vez que tu aroma saludaba tiernamente mi olfato. Te dije que no, mientras trataba de devolverle el tono original a mis mejillas, ese que tenían antes de que aparecieras frente a mí. Salí ilesa de entre tus brazos, logré apartarme de ese lugar que quería convertir en mi hogar; no tienes idea de cómo sueño con que lo sea.

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Ponle limón a tu herida

Si te hieren, ponle limón a tu herida. Te va a dolor por unos pequeños segundos pero evitará que se aniden gusanos.

Si te hieren vuelve a exponerte al peligro, vuelve a amar, vuelve a confiar en la gente (pero no con los ojos cerrados sino con ellos bien abiertos para que los ames con todo lo que son: luces y sombras).

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Amor sin salida

Corro en medio de las plantaciones intentando escapar de él y su revólver. Lo sostiene con sendas manos recreando la escena de siempre, la que termina cuando cedo, lo perdono y regreso. Se me acerca lentamente; su voz me acaricia con ese apodo que antes me hacía suspirar. Mi corazón se acelera porque ya he estado aquí antes y es aterradora la incertidumbre de no saber si esta vez se atreverá; el problema con los perros que ladran y no muerden es que siguen teniendo dientes.

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Tema por Anders NorénSubir ↑