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No entendía exactamente lo que le pasaba, pero lo solucionó sin decir una palabra.

No esperaba que notara que le pasaba algo, pero se sorprendió al recibir la respuesta que necesitaba. La misma que había buscado durante siglos, porque no tenía idea de dónde encontrarla.

El hombre equivocado

Me encontraba en medio de los dos: de Josh y de Felipe. Josh era tan romántico y Felipe tan torpe. El primero me traía suspirando por todas las esquinas con su manera tan certera de tratarme; con sus detalles. El segundo producía en mí una mezcla extraña de ternura, risa y vergüenza; todo lo que hacía para llamar mi atención terminaba en un completo desastre. Así que me enamoré de Josh. Me convertí en su amada, después solo era su novia, más adelante en su sonsa y finalmente en su ex. Me dejó allí tirada, con las migajas de un amor demasiado efímero para advertir el momento exacto en que todo acabó. Me dejó destrozada, con los restos de lo que nunca fue, esparcidos en el patio trasero de mi casa.

Y allí seguía Felipe, tan inexperto y torpe como siempre. Tan arriesgado como no lo conocía. Voló la cerca y se dispuso a juntar las migajas. Tuvo la fé suficiente para creer que en ellas seguía habiendo vida y la dedicación para hacerlas vibrar nuevamente.

“Tuvo la dedicación para hacerme vibrar de nuevo.”

No me importaba demasiado lo que hiciera con ellas, pero me preocupaba que fuese tan simple entrar en mi casa.

Me sorprendí cuando quiso regresarme lo robado. Según dijo, su misión era solo repararlo, no tenía intenciones de quedarse con lo de nadie. Pero me pareció injusto conservarlo luego de su arduo trabajo, así que lo busqué por mar y tierra para regresárselo.

Un sueño hecho realidad.

Un día el deseo que siempre pides para tu cumpleaños será real.

Un día la bendición que tanto anhelas se encarnará, te mirará, compartirá tu vida e incluso en ocasiones te hará enojar.

Un día se te va a olvidar la razón por la que la querías tanto, y te empezarás a quejar. Ese día sustituirás un anhelo tras otro, creyendo que el nuevo si te va a completar.

Un día, después de muchas velitas apagadas entenderás que nada te puede hacer feliz si tú no te lo permites. Ese día entenderás que no es lo que tienes, sino lo que agradeces lo que tiene el verdadero poder de hacerte dichoso.

Un día te hará falta recordar que estás frente a la bendición que tanto pediste, para que de corazón puedas ser agradecido. Para que de corazón lo puedas seguir queriendo con el lado negativo que hoy le ves.

Un día te darás cuenta de que lo que estás viviendo es Un Sueño hecho Realidad. Y ese día por favor prométeme que te lo vas a disfrutar.

Me costó darme cuenta.

Me costó darme cuenta que todos somos diferentes, que no tenemos las mismas cosas por aprender ni venimos con los mismos defectos de fábrica.

Me costó darme cuenta que para algunos un momento es una eternidad y para otros solo dos segundos.

Me costó darme cuenta que no es injusto que algunos derrochen su dinero en lujos mientras otros mendigan el pan; porque por loco que parezca todos tenemos que aprender del lugar y situación exacta en la que nos encontramos. Me costó entender que mis circunstancias no dependen de mis fuerzas, ni tienen nada que ver con mi belleza o mi valía como persona.

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El barco.

Por azares de la vida, una pizca de karma y una suerte que no sabemos catalogar de buena o de mala, nos encontramos en aquella isla desierta. Yo era feliz disfrutando en la profundidad de la selva, tú luchabas con todas tus fuerzas para poder sobrevivir.

Nos conocimos en una tarde de verano. Te llenabas de sol, de arena, de agua salada, de playa; cuando me descubriste observándote con una sonrisa en el rostro. Después de meses sin contacto humano es alentador encontrar a alguien de tu misma especie.

Tú eres el complemento perfecto que le faltaba a mi salvaje aventura. Desde aquel día, esa sonrisa tonta se nos ha tatuado en el rostro, y no hacemos más que observarnos, conversar, soñar… con que algún día regresaremos a nuestro hogar. Así fue como nos involucramos en un proyecto, que se convirtió en nuestro pasatiempo predilecto, más tarde en nuestro bebé y finalmente en nuestra tabla de salvación. Estábamos construyendo un barco, bueno… un intento de barco que prometía llevarnos de nuevo a casa. Lo reventamos de alimento vital, de hojas con aspiraciones de sábanas, de ilusiones, de besos, caricias y del efímero pero siempre sano para siempre. Nos juramos que nunca abandonaríamos nuestro bebé aunque se inundara, y así fue como empezó nuestro naufragio.

Partimos sin tener claro lo que implicaba un viaje de ese calibre. Nos fuimos enamorados. Era el perfecto dos, sin decimales ni fracciones. Llegamos a medias, con un número que simulaba ser entero, pero que en realidad era una fracción. Un decimal que intentaba ser uno, que tenía un poco del otro uno, que no conocía su composición pero que definitivamente no era un dos.

Nos fuimos entre risas, cuidándonos como un par de hermanos; sin embargo terminamos destruyéndolo todo. Luchamos con todas nuestras fuerzas para llegar a la meta, pero ella no sobrevivió a las eternas tormentas de nieve con su diminuto taparrabos; casi muero a su lado, pero lo logré. Llegué a la meta por el dos, o quizás por el uno, tal vez solo por la fracción, eso nunca lo sabré, pero llegué. Con el barco destrozado, el que ya no era más que un tronco, el que quizás siempre fue solo un tronco. Al final llegué… intacto pero solo.

Mi libertad.

No recuerdo en que momento empezó todo aquello, pero de repente me encontré corriendo por el campo. La brisa, mi cara cubierta de cabello, el sol, un vestido movedizo y aquella adrenalina drogada de temor a ser encontrada; ¡se sentía tan bien la libertad!

Corrí hasta que el sol se cansó de mostrarme el camino, reclamándome que lo dejara descansar. Lo imité e improvisé un colchón de tierra y una sábana de flores. Me desperté con los rayos de sol que salían de sus brazos bien tonificados, de su abdomen extra plano y de su sonrisa encantadora. Lo acompañé en su jornada laboral. Me invitó a pasar una noche en su posada. Luego quería que me quedara; lo intuí en las flores del atardecer, en el pedazo de cama compartida, en su definición de cobija, en los desayunos cargados de sonrisas, y sobre todo en sus ojos; llenos de esposas, candados y rejas. Sí, sobre todo en esos ojos; pastores que me llevaban como oveja al matadero. Así que empecé de nuevo, volví a correr en nombre de mi libertad y lo dejé en su encierro.

Photo Credit: missymellissa5 via tumblr

Un premio a tu hombría.

Lo escuché de manera accidental; llegué en el momento justo para escuchar que lo nuestro fue una apuesta y que yo fui el premio a tu hombría. No lo podía creer, no lo quería creer.

Corrí a tus brazos y me abrigué en ellos como siempre lo había hecho desde aquel sí. Y te lo conté a manera de chiste, entre risas nerviosas; no reíste conmigo, me sorprendí. Te miré a los ojos y tu silencio me congeló. ¿Verdad que es una estupidez? Bajaste la mirada y lo entendí: la estúpida había sido yo.

Un beso bajo la lluvia.

Pareja bajo la lluvia

Nos citamos en el callejón de mi casa. Planee todo para que nadie estuviera allí. Cuando te vi mis ojos se encendieron como llamas de fuego, y en los tuyos pude ver el reflejo de mi incendio; seguía siendo recíproco. Me cargaste y acomodaste sobre ti, tomándome por sorpresa; a penas cabíamos en aquel lugar estrecho. Pero eso no impidió que nuestra pasión explotara, sazonada por los meses sin vernos y la adrenalina de un amor prohibido.

No paraba de llover, era como si el cielo quisiera apagar nuestro fuego y recordarnos que aquello estaba mal. Era como si quisiera limpiar nuestro pecado, cual basura que se arrastra en un contén. Era como si cada relámpago quisiera silenciar nuestros gemidos.

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El lugar perfecto

beso

Hombre y mujer justo antes de besarse

Entraban y salían de su ser, en un estado de éxtasis permanente que se profundizaba cuando lograban fusionarse el uno en el otro por completo. Era el impecable estado de felicidad e intimidad. El lugar donde no había rastro de soledad, ni de miseria. Donde cada uno se sentía perfecto. Incluso los sueños que no se habían soñado, allí ya eran realidad.

La fotografía es de Victoria Charlotte Pettersen.

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Y esa tarde mientras disfrutaba del atardecer, con una rica taza de café en mis labios y frente a mí el hombre más hermoso que jamás imaginé me invitaría a salir; entendí que aunque me dé miedo encontrarme un ladrón en mi apartamento, pese a que grite como loca cuando veo un monstruo volador en la cocina y me ponga sensible ante el más inofensivo de los resfriados: soy una mujer verdaderamente valiente, porque a pesar de que a mi corazón no lo dejan de herir patanes disfrazados de príncipes modernos, siempre me atrevo a intentarlo de nuevo, con la misma intensidad y conociendo de antemano el potencial de hacerme daño de cada uno de esos ejemplares hermosos, pero en ocasiones letales.

La imagen es cortesía de Nenetus de FreeDigitalPhotos.net

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