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Mi libertad.

No recuerdo en que momento empezó todo aquello, pero de repente me encontré corriendo por el campo. La brisa, mi cara cubierta de cabello, el sol, un vestido movedizo y aquella adrenalina drogada de temor a ser encontrada; ¡se sentía tan bien la libertad!

Corrí hasta que el sol se cansó de mostrarme el camino, reclamándome que lo dejara descansar. Lo imité e improvisé un colchón de tierra y una sábana de flores. Me desperté con los rayos de sol que salían de sus brazos bien tonificados, de su abdomen extra plano y de su sonrisa encantadora. Lo acompañé en su jornada laboral. Me invitó a pasar una noche en su posada. Luego quería que me quedara; lo intuí en las flores del atardecer, en el pedazo de cama compartida, en su definición de cobija, en los desayunos cargados de sonrisas, y sobre todo en sus ojos; llenos de esposas, candados y rejas. Sí, sobre todo en esos ojos; pastores que me llevaban como oveja al matadero. Así que empecé de nuevo, volví a correr en nombre de mi libertad y lo dejé en su encierro.

Photo Credit: missymellissa5 via tumblr

Un premio a tu hombría.

Lo escuché de manera accidental; llegué en el momento justo para escuchar que lo nuestro fue una apuesta y que yo fui el premio a tu hombría. No lo podía creer, no lo quería creer.

Corrí a tus brazos y me abrigué en ellos como siempre lo había hecho desde aquel sí. Y te lo conté a manera de chiste, entre risas nerviosas; no reíste conmigo, me sorprendí. Te miré a los ojos y tu silencio me congeló. ¿Verdad que es una estupidez? Bajaste la mirada y lo entendí: la estúpida había sido yo.

Un beso bajo la lluvia.

Pareja bajo la lluvia

Nos citamos en el callejón de mi casa. Planee todo para que nadie estuviera allí. Cuando te vi mis ojos se encendieron como llamas de fuego, y en los tuyos pude ver el reflejo de mi incendio; seguía siendo recíproco. Me cargaste y acomodaste sobre ti, tomándome por sorpresa; a penas cabíamos en aquel lugar estrecho. Pero eso no impidió que nuestra pasión explotara, sazonada por los meses sin vernos y la adrenalina de un amor prohibido.

No paraba de llover, era como si el cielo quisiera apagar nuestro fuego y recordarnos que aquello estaba mal. Era como si quisiera limpiar nuestro pecado, cual basura que se arrastra en un contén. Era como si cada relámpago quisiera silenciar nuestros gemidos.

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El lugar perfecto

beso

Hombre y mujer justo antes de besarse

Entraban y salían de su ser, en un estado de éxtasis permanente que se profundizaba cuando lograban fusionarse el uno en el otro por completo. Era el impecable estado de felicidad e intimidad. El lugar donde no había rastro de soledad, ni de miseria. Donde cada uno se sentía perfecto. Incluso los sueños que no se habían soñado, allí ya eran realidad.

La fotografía es de Victoria Charlotte Pettersen.

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Y esa tarde mientras disfrutaba del atardecer, con una rica taza de café en mis labios y frente a mí el hombre más hermoso que jamás imaginé me invitaría a salir; entendí que aunque me dé miedo encontrarme un ladrón en mi apartamento, pese a que grite como loca cuando veo un monstruo volador en la cocina y me ponga sensible ante el más inofensivo de los resfriados: soy una mujer verdaderamente valiente, porque a pesar de que a mi corazón no lo dejan de herir patanes disfrazados de príncipes modernos, siempre me atrevo a intentarlo de nuevo, con la misma intensidad y conociendo de antemano el potencial de hacerme daño de cada uno de esos ejemplares hermosos, pero en ocasiones letales.

La imagen es cortesía de Nenetus de FreeDigitalPhotos.net

5. Portada

Él nunca lo supo, la novia menos. Se había enamorado sola. En las sesiones de fotos lloraba, en la edición, entrega, en el acto. Calmaba a todos con la idea de que el arte se le entraba por las venas, llegaba a su corazón y desembocaba en sus lágrimas. Nadie la cuestionó, después de todo los artistas son todos locos.

Amor a primera vista.

2. Portada-Redes

Se vieron por primera vez en aquel lugar. Él se sintió fuertemente atraído hacia ella, así que la siguió, y justo cuando iba a sonar esa melodía que jamás desaparecería de sus mentes la tomó de la mano y la atrajo hacia sí antes de que ella pudiese impedírselo. Sus ojos se conectaron al instante. Ella sintió chispas por doquier; él una felicidad indescriptible.

El baile duró una eternidad, porque el tiempo se detuvo en aquella complicidad de miradas. Pero tan pronto como sonó la última nota musical, ella se desvaneció entre la multitud, cual rocío en un día de verano. Él la buscó por doquier pero no la encontró. Ella no estaba dispuesta a jugar a los enamorados, a volver a perder. Él nunca olvidó aquel baile. Ella tampoco. Ambos se preguntan que hubiese sucedido si no se hubiese marchado. Si no me hubiese marchado.

Amor Propio

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No temas en decir que ya no me amas, estoy acostumbrada –dice, y luego lleva su cuerpo a tomar una ducha.

El sol ha desaparecido y la noche misteriosa se pasea por toda la ciudad. Decide ponerse un vestido estampado con unas ballerinas azul pálido. Entonces se va, sin mirar atrás… sola. Con el pelo aún húmedo, y el interior lloviznado de agua salada.

Es diciembre y se siente la brisita fría, y a pesar de eso decide hacer una parada en su lugar favorito: la heladería. Sigue su camino acompañada de una barquilla de pistacho y macadamia, admirando las luces y la decoración navideña que los ciudadanos de aquél pequeño pueblo se han esforzado en colocar. Se sienta en un banco justo en frente del puerto y disfruta de su postre. Las luces juguetean al compás de las olas invitando a los barcos a bailar, y la brisa se encarga de hacer descender su temperatura corporal, ayudada por el mantecado, el pelo húmedo, el vestido volátil y su recién rompimiento. Entonces se le eriza la piel, y toda ella tiembla, pero lo disfruta. Aunque todos ellos hayan decidido marcharse, sin conocer el encanto que tiene su esencia.

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Aléjate de mí amor.

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Ya siento que te quiero, y siento también que estoy a punto de cometer un grave error, porque tan pronto como termines de leer esta carta te habré perdido para siempre. Pasaré a ser poco menos que una desconocida; te olvidarás de mi nombre y nunca más volveré a saber de ti. Será otra quien disfrute de tu dulce compañía, de tus chistes, besos y largas conversaciones pre-sueño.

Soy una desdichada, que a pesar de presentir desde un principio que tú no eras para mí, o que yo no era para ti -aunque al final da igual-, no se pudo resistir a tu gran interés en mí. Que no supo decirte desde un principio que NO, que no perdieras tu tiempo conmigo, que yo NO quería nada serio contigo, que en verdad no te quería a ti, que lo que quería era recibir ese amor que tú me dabas, el que nunca recibí y siempre quise. Pero ahora sacaré el valor que me faltó al principio, no sé dónde está, pero busco en lo profundo de mi ser y lo encuentro.

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Mi Inmortal

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Nunca olvido esos días de secretos, escondites y lágrimas; cuando éramos solo tú, yo y nuestra nostalgia. Cuando nos cuidábamos el  uno al otro como los hermanos más queridos; cuando el mundo era un lugar cruel, pero juntos encontrábamos alivio.

De niños nuestra única preocupación era divertirnos, pero cuando crecimos nuestras preocupaciones crecieron con nosotros. Ahora también se trataba de nuestros cuerpos, de nuestros padres, de los compañeros de curso, de los maestros y de todas esas crisis por las cuáles atraviesan la mayoría de los adolescentes. Por suerte nos teníamos el uno al otro. Siempre fue así, desde el día en el que nos prometimos que estaríamos siempre juntos. Yo cumplí mi parte, tú cambiaste de opinión, y me encuentro encerrada entre recuerdos, mojada de lágrimas y embriagada con los besos que deseo volver a sentir… tus besos.

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Tema por Anders NorénSubir ↑