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Intentaba seducirme desesperadamente, ignoraba mis desplantes y negativas, se rehusó a aceptar que yo estaba casado y que amaba a mi esposa. Para ella nunca se era lo suficientemente claro.

En uno de mis descuidos, me miró con determinación y luego se desnudó lenta y completamente; el que no había entendido el mensaje era yo.