29. Amor Propio-01

No temas en decir que ya no me amas, estoy acostumbrada –dice, y luego lleva su cuerpo a tomar una ducha.

El sol ha desaparecido y la noche misteriosa se pasea por toda la ciudad. Decide ponerse un vestido estampado con unas ballerinas azul pálido. Entonces se va, sin mirar atrás… sola. Con el pelo aún húmedo, y el interior lloviznado de agua salada.

Es diciembre y se siente la brisita fría, y a pesar de eso decide hacer una parada en su lugar favorito: la heladería. Sigue su camino acompañada de una barquilla de pistacho y macadamia, admirando las luces y la decoración navideña que los ciudadanos de aquél pequeño pueblo se han esforzado en colocar. Se sienta en un banco justo en frente del puerto y disfruta de su postre. Las luces juguetean al compás de las olas invitando a los barcos a bailar, y la brisa se encarga de hacer descender su temperatura corporal, ayudada por el mantecado, el pelo húmedo, el vestido volátil y su recién rompimiento. Entonces se le eriza la piel, y toda ella tiembla, pero lo disfruta. Aunque todos ellos hayan decidido marcharse, sin conocer el encanto que tiene su esencia.

Quién la ve seguro que se compadece de ella, sentada sola en Noche Buena. Sin embargo, no se siente miserable porque ha descubierto la belleza de ser quién es, el encanto de estar con ella misma y la dulzura de una noche a solas con su viejo amigo El Frío. No siempre se llevaron bien, al principio se maltrataban, se quemaban la piel, se resecaban el alma. Ahora se acarician suavemente, él juega con su pelo, se ríen juntos y hasta se tienen cariño.