Mujer quitándose careta

Tenía que vivir la experiencia, saber qué se siente estar en el infierno para luego valorar el paraíso; tenía que dorarme un poco la piel, para no pensar que el infierno es mejor que el cielo.

Tomé la decisión así… sin darle demasiadas vueltas, sin deternerme a pensar realmente en las ventajas y desventajas, o sobre el impacto de aquella inocente decisión. Decidí a la ligera, como si se tratase de un par de zapatos que comprar, como si no fuera importante, como si no fuese una parte de mi; cada decisión, persona o lugar lo es. Pero ésto era lo más seguro, pero tenía miedo de vivir sola, pero quería esquivar la soledad, pero debía aprovechar las ventajas financieras y sociales, pero… pero… pero… No me di cuenta que el precio era mi tranquilidad.

Y tal vez sí, yo soy la única culpable, la que lo hace todo mal, la desastrosa; pero no sabes como me gustaría vivir mi desastre a solas, sin que a nadie le moleste, sin estar calculando cada uno de mis movimientos, sin que me lo cuestiones todo.

Vivo en una pesadilla, escondida tras una careta, y me la paso intentando dejar de ser yo misma, para ser lo que tu quieres que yo sea. Llego a mi casa y no puedo estar ahí, no puedo estar en MI CASA. Es un exilio permanente de mi ser, es una cárcel, y yo estoy encadenada de pies y manos a las comodidas de la celda, y a las consecuencias de fugarme. Me odio en este lugar, odio sentir lo que siento, y siento no sentirme como deseo. Solo quiero salir de ésta oscuridad que yo misma elegí, y que mi decisión fuese tan fácil de deshacer como fue de hacerla.

¡Oh vidas nuestras! ¿por qué se tenían que juntar? Que desgracia la mía, que tragedia, que agonía, que manera de vivir la vida y desgraciarme la mía.