El chico de camino a mi trabajo es alto, flaco y de ojos claros. Y cuando se atraviesa por mi paso su química se entrelaza con la mía.

El chico de camino a mi trabajo es… alguien en quien no me hubiese fijado, de no ser por esos ojos tiernos que parecen adherirse a mi piel o por esa química que subyace del aire que nos rodea cuando coincidimos.

Al chico de camino a mi trabajo no le soy indiferente, lo sé; porque nuestros ojos se han encontrado jugando a las escondidas más de una vez. Porque sus movimientos son iguales que los míos; intentando ser discretos, pero siempre los descubren infraganti.

El chico de camino a mi trabajo usa gafas de sol coloridas: azul cielo con rosa… similares al color de mi aura cuando me mira.

El chico de camino a mi trabajo es… misterioso e intimidante, pero a la vez inofensivo y… solo es un chico común que me hace perder el aliento con la idea de esa química inexplicable que se da entre desconocidos.

El chico de camino a mi trabajo es solo alguien más con quien comparto una estación de tren, e intercambiamos la dirección domiciliaria durante las horas del día: yo trabajo durante el día, cerca de donde él descansa durante las noches. Justo al revés de ese otro chico de camino a mi casa… el que trabaja durante el día, cerca de donde yo descanso en las noches. El que me mira con ojos de susto y me causa sentimientos encontrados con su barba varonil –que me gusta y a la vez me intimida– también con él podría estar experimentando esta química, pero supongo que no sucede porque él no es ´Mi Chico de Camino al Trabajo´.