Que sí, que tengo derecho a sentirme mal en ocasiones. Que esta vida es difícil y hay muchas desilusiones, que de vez en cuando hay que dejar de hacerse el fuerte y llorar, aunque nos señale la gente en la calle, aunque nos miren con compasión, aunque nos veamos feos.

Que sí, que hay veces que se nos cae la cruz y hay que volverla a recoger; pero por los instantes en que nos besamos intensamente con el suelo es justo que gimamos, lloremos y nos lamentemos.

Que sí, que llorar es sano también; que nos hace bien, que lo necesitamos. Que es demasiado difícil llevar siempre una sonrisa si nuestro mundo no es color de rosa.