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Y esa tarde mientras disfrutaba del atardecer, con una rica taza de café en mis labios y frente a mí el hombre más hermoso que jamás imaginé me invitaría a salir; entendí que aunque me dé miedo encontrarme un ladrón en mi apartamento, pese a que grite como loca cuando veo un monstruo volador en la cocina y me ponga sensible ante el más inofensivo de los resfriados: soy una mujer verdaderamente valiente, porque a pesar de que a mi corazón no lo dejan de herir patanes disfrazados de príncipes modernos, siempre me atrevo a intentarlo de nuevo, con la misma intensidad y conociendo de antemano el potencial de hacerme daño de cada uno de esos ejemplares hermosos, pero en ocasiones letales.

La imagen es cortesía de Nenetus de FreeDigitalPhotos.net