23. Mi Inmortal Portada-01

Nunca olvido esos días de secretos, escondites y lágrimas; cuando éramos solo tú, yo y nuestra nostalgia. Cuando nos cuidábamos el  uno al otro como los hermanos más queridos; cuando el mundo era un lugar cruel, pero juntos encontrábamos alivio.

De niños nuestra única preocupación era divertirnos, pero cuando crecimos nuestras preocupaciones crecieron con nosotros. Ahora también se trataba de nuestros cuerpos, de nuestros padres, de los compañeros de curso, de los maestros y de todas esas crisis por las cuáles atraviesan la mayoría de los adolescentes. Por suerte nos teníamos el uno al otro. Siempre fue así, desde el día en el que nos prometimos que estaríamos siempre juntos. Yo cumplí mi parte, tú cambiaste de opinión, y me encuentro encerrada entre recuerdos, mojada de lágrimas y embriagada con los besos que deseo volver a sentir… tus besos.

Ya lo sé, siempre lo supe, que de grandes las personas cambian, pero por alguna extraña razón tenía la esperanza de que nuestros sentimientos no lo hicieran. Y es que lloramos tantas penas, reímos tantas dichas, guardamos tantos secretos, que esto parecía eterno. Pero lo cierto es que he estaba sola todo este tiempo. Lo cierto es que solo acompañamos tu soledad, porque la mía siempre estuvo sola. Lo cierto es que aunque no lo quise aceptar, aunque me tapé los ojos para no mirar y no tuve la madurez para entenderlo, tú nunca estuviste para mí. Porque para ti nuestra amistad fue solo uno de los tantos juegos con los que nos entreteníamos, sin embargo, yo jugué a ser adultos, y a la confidencialidad de un médico, a la fidelidad de un guerrero, y a los pañuelos de consuelo; jugué al cariño sincero, y aposté por finales felices. Jugué, jugué y jugué; jugué tanto que terminé por perder.