Tú mujer, eres la culpable de que los hombres no sirvan. Tú  que rechazaste infinidad de  chicos tiernos, detallistas y cariñosos, y elegiste a ese chico rudo que maltrataba tu corazón. A ese que es demasiado macho como para mostrar sus sentimientos en público. Tú  que criticas al enamorado de tu mejor amiga, argumentando que es demasiado “palomo” y te burlas de ella en su cara influenciándola para que elija al de mente más “ágil”.

Tú que crías te a tus hijos varones con más privilegios que a sus hermanas por el simple hecho de haber nacido con testículos.

Tú  que pronuncias frases como: los hombres no friegan, no lloran, no sienten.

Tú  que crees que por cada hombre en el mundo, existen cuatro mujeres y una vieja de ñapa, y que conscientes a tu marido de tal forma que pareces más su sirvienta que su pareja.

Tú  que te haces eco de frases como “todos los hombres son infieles y hay que aprender a vivir con eso”, y luego señalas a esa conocida infiel, llamándola puta.

Tú que crees que las novias de tus hijos deben rendirte reverencia porque las has suplido de un macho, y que alientas a tus hijas a fijarse más en las posesiones económicas que en los buenos sentimientos.

Tú que vives con la misma mentalidad de tu tatarabuela, y luchas porque esa creencia permanezca en tu familia de generación en generación.

Tú. Sí tú. Tú eres la culpable de que los hombres NO SIRVAN, y de que las mujeres buenas no encuentren un hombre que las valore, comprenda y proteja.