Si te hieren, ponle limón a tu herida. Te va a dolor por unos pequeños segundos pero evitará que se aniden gusanos.

Si te hieren vuelve a exponerte al peligro, vuelve a amar, vuelve a confiar en la gente (pero no con los ojos cerrados sino con ellos bien abiertos para que los ames con todo lo que son: luces y sombras).

Si te abofetean pon la otra mejilla; si te lastiman la sonrisa vuelve a sonreír aunque sea con un diente roto.

Si te hieren por favor, ponle limón a tu herida. Saluda con una sonrisa a tu agresor, sigue amando a tu verdugo; no porque seas masoquista, sino porque exponer la herida a limón y sal es la única forma de sanarla.

La foto la tomó Anthony Tran para Unplash.com