Me encontraba en medio de los dos: de Josh y de Felipe. Josh era tan romántico y Felipe tan torpe. El primero me traía suspirando por todas las esquinas con su manera tan certera de tratarme; con sus detalles. El segundo producía en mí una mezcla extraña de ternura, risa y vergüenza; todo lo que hacía para llamar mi atención terminaba en un completo desastre. Así que me enamoré de Josh. Me convertí en su amada, después solo era su novia, más adelante en su sonsa y finalmente en su ex. Me dejó allí tirada, con las migajas de un amor demasiado efímero para advertir el momento exacto en que todo acabó. Me dejó destrozada, con los restos de lo que nunca fue, esparcidos en el patio trasero de mi casa.

Y allí seguía Felipe, tan inexperto y torpe como siempre. Tan arriesgado como no lo conocía. Voló la cerca y se dispuso a juntar las migajas. Tuvo la fé suficiente para creer que en ellas seguía habiendo vida y la dedicación para hacerlas vibrar nuevamente.

“Tuvo la dedicación para hacerme vibrar de nuevo.”

No me importaba demasiado lo que hiciera con ellas, pero me preocupaba que fuese tan simple entrar en mi casa.

Me sorprendí cuando quiso regresarme lo robado. Según dijo, su misión era solo repararlo, no tenía intenciones de quedarse con lo de nadie. Pero me pareció injusto conservarlo luego de su arduo trabajo, así que lo busqué por mar y tierra para regresárselo.