Me costó darme cuenta que todos somos diferentes, que no tenemos las mismas cosas por aprender ni venimos con los mismos defectos de fábrica.

Me costó darme cuenta que para algunos un momento es una eternidad y para otros solo dos segundos.

Me costó darme cuenta que no es injusto que algunos derrochen su dinero en lujos mientras otros mendigan el pan; porque por loco que parezca todos tenemos que aprender del lugar y situación exacta en la que nos encontramos. Me costó entender que mis circunstancias no dependen de mis fuerzas, ni tienen nada que ver con mi belleza o mi valía como persona.

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