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Corro lo más rápido que puedo, ignorando el dolor de mi tobillo. Soportando un poco de dolor físico con tal de evadir el dolor emocional que podrían ocasionarme sus palabras. Hasta que llego al final de un callejón, la puerta está cerrada. Omar no se da por vencido, me ha seguido hasta el final, con su voz entrecortada y sus palabras fabricadas.

—Gabriela por favor…

—¿Tienes una idea de cómo me duele? Y pensar que tú lo hiciste por pura diversión.

—No es tan así.

—¿Y cómo es?

—Es cierto que quería llamar la atención, pero no te quería lastimar.

—¿Y para que querías llamar la atención en primer lugar? ¿Cuál era la necesidad de hacerme quedar en ridículo?

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